La anorexia nerviosa, es un síndrome de la sociedad occidental, opulenta y solvente en la que además encontramos la moda de la delgadez, divulgada a través de los medios de comunicación y dirigida específicamente a la mujer. En el tercer mundo, donde el alimento es escaso y la delgadez no es una moda, no encontramos este tipo de patología.
Otro factor cultural que incide en el aumento del trastorno de anorexia en los últimos años, ha sido la variedad de papeles que se le imponen a la mujer; En las últimas décadas la mujer ha pasado de un rol femenino tradicionalmente pasivo (en el que la mujer permanecía en el hogar y su función se limitaba al cuidado de los otros miembros de la unidad familiar) a un rol activo lleno de exigencias en el que la mujer debe además, competir con el otro género en terrenos en los que antes no competía (fuera del hogar, en la universidad, en el trabajo, en los deportes,...).
El bienestar de los hijos es hoy un imperativo central y además, la dependencia de los hijos respecto a los padres se ha visto prorrogada enormemente. Estas circunstancias hacen que los padres se sientan más responsables de la alimentación de los hijos y durante más tiempo. La alimentación es por tanto un elemento que continúa estando en juego en la comunicación de las familias.
Los factores anteriormente nombrados conforman un marco social que es indispensable para que se de la anorexia, pero no suficiente. La sociedad predispone para que aparezca esta patología y no otra, pero es necesario que se den otras variables personales, familiares y contextuales.
En la base de la anorexia nerviosa encontramos un profundo sentimiento de inadecuación. Se sienten “defectuosas”, impotentes, superadas y pasivas. En una primera etapa de la enfermedad consiguen aliviar esta angustia centrando su malestar en algo definido y acorde con la cultura social actual (peso excesivo, caderas anchas, etc.) y obtienen cierto efecto antidepresivo inmediato con la dieta a la que se someten, que además es un movimiento activo que contrarresta el sentimiento de pasividad.
Estos Trastornos de la Alimentación vienen acompañados de sentimientos de culpa, tristeza, inadecuación, rechazo social, dificultades laborales, dificultades en las relaciones tanto con amigos y familia, como con posibles parejas, incluso autolesiones o ideas suicidas, etc.
Si desea ponerse en contacto con CBP Psicólogos Madrid puede hacerlo en horario de 10 a 21.30 a través del teléfono 91. 733 81 11 y las 24 horas del día a través del correo electrónico info@cbp-psicologos.com o de nuestra Consulta On-line.
|